En primer lugar, unos "breves" apuntes sobre este tipo de cerveza. Allá por el siglo XVIII, los ingleses que habitaban en la India querían seguir bebiendo las cervezas que antaño degustaban en la Pérfida Albión, generalmente stouts, porters y dark ales (ésos eran los gustos ponderantes equivalentes a las pils de nuestros tiempos). Los fabricantes ingleses enviaban barriles de estas cervezas a la India, que llegaban tras un duro viaje en barco bordeando toda la costa africana (el atajo del canal de Suez no llegaría hasta un siglo después).
Está extendida la historia de que estas porter y demás cervezas se estropeaban, pero hay documentos que demuestran lo contrario, tirando por la borda (nunca mejor dicho) la teoría de que la IPA fue elaborada aposta para que se conservase durante el trayecto.
Un cervecero y

- El East Indiamen, zona portuaria de la que partían los barcos rumbo la India, estaba cerquísima de la fábrica, con lo que los encargados de comprar la cerveza para embarcarla decidieron optar por el mínimo esfuerzo.
- Hodgson optó por vender una porter al uso de la época y una variación de su cerveza pale ale con más alcohol y más lúpulo, intentando que se acercase a los estándares de alcohol y sabor de las ya comentadas cervezas al uso, pero sin ser en absoluto una fórmula para nada novedosa. Las características del lúpulo como conservante natural, añadido al alcohol y a las condiciones de oscuridad y traqueteo de la bodega del barco, provocaron por fortuna un efecto similar al de un par de años en bodega, con lo que llegó a la India en unas condiciones idóneas y de ahí que gustase muchísimo.
No me he referido aún a su nombre: por ser una variación de la Pale Ale destinada a la India, se denominó India (o Indian) Pale Ale, comúnmente denominada por el acrónimo IPA.
Y pese a suponer una mínima cantidad de barriles enviados respecto a lo que se vendía en Londres para consumo local (9000 barriles respecto a la friolera de 2 millones), esta cerveza gustó tanto que los ingleses que retornaron a su tierra reclamaron esta cerveza, consiguiendo desde entonces un status importante dentro de los estilos cerveceros hasta nuestros días e incluso un auge los últimos digamos 10 años en Estados Unidos con la vorágine de creación de IPAs usando los radicales lúpulos americanos.
Después de esta "breve" explicación, pasamos a desarrollar la cata en sí.
La Machete es una cerveza muy compensada, ambarino/anaranjada, con una espuma persistente y muy hermosa, y balanceada en cuanto a lúpulo versus malta. Consigue pasar perfectamente de un inicio de fruta de hueso a un final seco, resinoso. Una buena cerveza de estos italianos de Emilia Romagna que llevan desde 2006 elaborando artesanas de calidad.
El maridaje en este caso fue el más pobre desde mi punto de vista: una gelatina de vainilla con aromas a cerveza bastante sosa, que sobre todo no llegaba en absoluto a la altura del sabor de la Machete.
Combinamos esta cerveza con maki de salmón. Constatamos que, en efecto, el maridaje de IPA con sushi es perfecto, más si cabe si la IPA es radical y añadimos al sushi salsa de soja con una generosa cantidad de wasabi...
Pudimos constatar la similitud de la Machete con las cervezas americanas de hoy en día por el tremendo parecido entre la propia italiana y la Crooked Tree, con cuerpos muy similares y si acaso algún toque final un poco más radical en la americana en cuanto a lúpulos se refiere.
El probable plato fuerte de la jornada vino con una segunda cerveza estadounidense, la Cigar City Jai Alai. Primer puesto en mi particular podio del mes de enero, añadiré simplemente que el plato que la acompañó fue unos noodles con pollo y verduras, excelentes para ir limpiando y no saturarse de los riquísimos lúpulos que lleva esta grandiosa cerveza de Florida.
Usando lúpulos oceánicos (el Galaxy australiano y el Super Alpha neozelandés), esta "maldito viento del norte" (el nombre hace referencia al mal clima de la región) nos deja un sabor inicial a café como buena stout para pasar a los matices de lúpulos a los que no estamos acostumbrados, apareciendo sabores cítricos y relativamente suaves en comparación con los americanos de cervezas anteriores de la cata.
Por fortuna, pese a no ser un postre demasiado idóneo para maridar con esta cerveza (desde mi punto de vista, por el carácter tostado y de café le pegaba algo de chocolate cuanto más puro mejor), la tartaleta de bizcocho con crema de horchata y espuma de cerveza fue lo mejor de la jornada en cuanto a comida se refiere.
Para terminar, un paseo por Ocaña en buena compañía. Una estupenda tarde de domingo...
Buena entrada David, muchas gracias. Nosotros disfrutamos mucho con la cata y vuestra visita. Ya sabes de sobra nuestra afición por el tema maridajes y demás, con lo que iremos afinando en cuanto a birras y acompañamientos se refiere. Un saludo
ResponderEliminarBuenos días David! Acabo de descubrir tu blog. Felicidades por lanzarte a escribir sobre tus experiencias; seguro que lo vas a disfrutar un montón. Espero leerte a menudo. Salu2!
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